Don Leandro de Ribadeneyra, acaudalado prohombre de la cultura conocido por sus excentricidades y su honda preocupación por los asuntos sociales y políticos, ha decidido abandonar la comodidad de su residencia en la Sierra madrileña para emprender un viaje en hidroavión “alrededor de todas las zonas deprimidas de nuestro planeta” con el objetivo de rociarlas con gas de la risa.
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